viernes, 12 de agosto de 2011

26 Batallón de Infantería

7:00 a.m. de un sábado cualquiera; todos arriban a la puerta del campo militar, se percibía un olor a pino con humedad, atoles y tortas de tamal, lagañas, cigarro, crudas y pereza por doquier. Antes de cruzar la puerta eras un “civilucho” cualquiera, un débil, un puto, un maricón, un sin huevos pues. Una vez cruzando la puerta eras un “soldaducho” cualquiera, un perro, un zardo, un con huevos pues.
Entrando, sólo el sonido de la trompeta, la mirada con recelo de soldados que por alguna u otra razón están ahí parados, pensando en una jubilación dentro de 25 ó 30 años. Todos marchan, nadie habla, todos piensan: “¿Qué mierda hago aquí?”, “¿Por qué me embriagué ayer?, “¿Qué diré para no correr hoy?”, etc. Todos marchan, ninguno grita, ninguna llora, sólo recordar que eres “con huevos” y eso es lo que te hace diferente.
Siempre lo mismo, pasar la lista; eres un número y sólo eso, da igual si alguien grita por ti al final sólo escuchan: “¡Presente!”. Siempre lo mismo, cantar ese himno que desde que recuerdas lo cantabas los lunes en la escuela y haces ese saludo con la mano al momento en el que ese pedazo de tela con colores recorre todo. Cantas lo mismo; eso de guerra, de matar al enemigo, de defender los ideales, de dios y su dedo.
Es importante que ese pedazo de tela no sea ofendido, no sea tocado por el suelo, no sea manchado. Es lo que hace la diferencia, es por lo que muchos de ahí se despiertan a las 5 a.m. y hacen saludo. Muchos no sabrán lo que significa, sólo ven los colores, el escudo y pensarán, creerán e imaginarán; al final les dará igual. Pensarían si de verdad deberían dar su vida tomando ese trozo de tela y aventándose con eso en un significado burdo de amor a una definición de patria. Ese trozo de tela es lo que da la identidad, por lo que siglos atrás muchos mataron y unió a otros, lo que años atrás tenía otros significados y otras interpretaciones, lo que semanas atrás estaba siendo maquinada en algún taller del ejército.
Siempre lo mismo, marchar y hacer flancos, cargar un pedazo de madera con metal en tu hombro, escuchar órdenes; sí, esas mismas que te dan en casa, en la escuela, en el trabajo. Sólo cambia quien las da y el momento en que las da. Siempre lo mismo, correr y cantar eso de ser un “con huevos”, eso de que nadie pensaba que lo harías, pero ahora que lo hiciste todos te admiran y te respetan; antes nadie te respetaba. Siempre lo mismo, burlarse del gordo, del encorvado, del feo, del que se parece al de la T.V., del tonto, del sólo cambia  la persona, la burla es igual.
Siempre lo mismo, escuchar historias de vida; de ésas que van y vienen, de las que los sueños no se cumplen, de las que la vida ha sido y es una puta, de las que no queda de otra. Siempre lo mismo, “Vista a la derecha, ¡ya!”, “Al hombro, ¡ya!”, “Paso redoblado, ¡ya!”, “Saludar, ¡ya!”. Sería cómico escuchar: “Dígale a su compañero que lo quiere, ¡ya!”, “Llore, ¡ya!, “Béseme, ¡ya!”.
Siempre lo mismo, terminas; te vas. Y así….
Jorge Mejía

2 comentarios:

  1. JORGE,QUE PENA QUE PIENSES ASI,YO PIENSO QUE LO QUE TU NECESITAS ES VIAJAR,PRIMERO POR TODOS LOS RUMBOS DE NUESTRO PAIS Y DESPUES POR EL EXTRANJERO.PARA QUE TENGAS UNA VISION MAS AMPLIA DE LA VIDA DE TU VIDA,Y PUEDAS REVALORAR LO QUE TIENES Y LO QUE PUEDES TENER SI CAMBIAS TU PERCEPCION DE LAS COSAS,TE ASEGURO QUE NUESTRA BANDERA ES MAS QUE UN TROZO DE TELA.

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  2. que pococriterio eres solo un civil mas que no sabes ni que pedo metete en fuerzas especiales o que te traigan mas al pedo eres un civilucho recluta que no sabes nada o eres un desertor

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